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Carrera Contrarreloj para Salvar el Mundo

Es el momento de actuar. En 2018 un gran grupo de científicos se coordinó con la ONU para dar una señal de alarma global. La temperatura global del planeta ha aumentado 1'5ºC en los últimos años. El punto de no retorno está en los 2ºC. Si todo sigue igual para 2030 habremos llegado a este punto de inflexión de catástrofes naturales. Catástrofes que nos impedirán vivir en España. Estamos muy cerca del trópico. Sin embargo, cada vez que implantamos un hábito que reduce nuestro impacto retrasamos el desastre. Si actuamos suficientes personas lo evitaremos.

Cuando salió esta noticia fue un boom. Todos los medios internacionales estaban hablando de ello y cada cual reaccionó como pudo y/o quiso. En mi caso personal, algo dentro de mi suspiró "por fin". No os equivoquéis, esta situación me entristece y asusta, pero ya sabía que este era el final al que estábamos llegando como sociedad. Lo que ha cambiado es que ahora por fin la gente ha oído de este problema. Puedo mandar artículos sobre el tema. Empieza a haber un espíritu de concienciación. Desde este punto podemos actuar y prosperar como conjunto, como sociedad, como población que quiere un futuro para los que vienen detrás.

La mía sin duda no ha sido la reacción más habitual. Me parece necesario reflexionar sobre dos que he visto bastante. La primera es el pesimismo sistemático, que en muchos casos esconde el deseo de comodidad. Con esto me refiero a las personas que afirman que ya estamos condenados, así que ya total no van a hacer ningún esfuerzo por cambiar porque no servirá de nada. En contraposición  tenemos el enfado sistemático. Gente enfadada que canaliza todos los esfuerzos en decir que la culpa es de las grandes multinacionales y que dejen de meterse con los ciudadanos de a pie. 

Nos describen como meras marionetas. Lo que más me molesta de estas reacciones es que implican que los individuos que conformamos la población somos inútiles. Por eso esta entrada no está pensada para repetir una vez más cómo hemos llegado hasta este punto. Hoy estoy escribiendo para recordarte que tú, yo y todos tenemos un gran poder que ejercemos mediante nuestros hábitos. No hablamos de culpa, sino de responsabilidad.

Hay varios movimientos sociales actualmente en auge que promueven hábitos sostenibles. No hace falta identificarse con ninguna etiqueta en concreto. No hace falta caer en cierto estereotipo. Todos podemos adoptar nuevas costumbres con el objetivo común de salvar el mundo. Por muy presuntuoso que suene, ese el objetivo final que compartimos todos ¿no?



Más legumbres, menos carne


La producción de carne causa una mayor emisión de gases de efecto invernadero que todos los transportes combinados. Comprar un coche eléctrico vs comer legumbres. Las legumbres han resultado ser más baratas y efectivas. 

Llevamos comiendo platos veganos toda la vida. Mi abuela no ha cambiado su forma de cocinar, simplemente hace más potajes de garbanzos y espinacas, más arroces con verduras y más lentejas que antes. También es una gran oportunidad para probar nuevas recetas, no puedes imaginarte lo rica que queda la boloñesa de lentejas.

Cocinando el domingo boloñesa de lentejas, arroz blanco, caldo de verduras y crema de guisantes para tener la comida lista durante la semana (foto de mi instagram @_thepineapplegirl)
El veganismo y vegetarianismo es una posición ética que además aporta beneficios a la salud y medio ambiente. No hay que tener la conexión moral para disfrutar de esos beneficios. Cada vez más gente está tomando leches/bebidas vegetales. Yo me pasé a la leche de soja mucho antes de hacerme vegana porque mi padre me convenció. Poe leer varios libros de nutrición mi padre ahora prefiere la leche de soja porque le ayuda con su actividad deportiva. No todas las leches vegetales son iguales, ni a nivel nutricional ni de sabor. Si pruebas una marca y no te gusta te recomiendo que pruebes otra distinta. Mi favorita es Alpro de Soja, porque tiene B12,  calcio y vitamina D; muy poco azúcar (menos del 5g/L es lo que recomiendan los nutricionistas) y al ser de soja es un plus de proteínas para mi desayuno. La ternera y los lácteos son los productos de consumo habitual que más contaminan, por lo que son los que más nos interesa reducir. Se dice que el consumo de soja gasta mucha agua, realmente es un dato sesgado. La mayoría de la soja se emplea en alimentar el ganado. Al saltarnos el paso de criar el ganado y alimentarnos con soja (o cualquier otro producto vegetal que te guste, puedes excluir la soja de tu dieta si quieres) produciríamos un 75% menos. Un 75% menos de gasto de recursos. 


Tanto en mi instagram principal (@barbarapgs), como en el que dedico a la comida (@_thepineapplegirl), tenéis una sección de recetas a vuestra disposición. Son recetas que se hacen en 15 minutos. Están pensadas para emergencias, para gente que está aprendiendo a cocinar ahora y que no tiene mucho tiempo. Para recetas más elaboradas y variadas os recomiendo estos 3 blogs:
  1. Danza de Fogones
  2. Begin Vegan Begun
  3. Nutrición Esencial
Aún así, es mucho más fácil que eso. Puedes probar los platos veganos que están sacando cada vez más y más restaurantes, basar tu merienda/desayuno en fruta y frutos secos e ir probando productos vegetales que se encuentran en los supermercados. Al final cuando estas en la sección de yogures solo tienes que estirar el brazo en otra dirección para coger los de de soja. Una acción tan sencilla al repetirse en el tiempo tiene un gran impacto.


Si quieres tomar más legumbres, pero temes que te sienten mal te dejo esta entrada con trucos

Si aún no sabes por donde empezar aquí tienes 5 recetas con las que ser más sostenible

Aquí tienes un análisis científico en mayor profundidad del efecto de los lácteos en relación al cambio climático

Dejemos de venerar al plástico

Confrontemos la realidad, el plástico nos rodea. El 97% de los niños alemanes tienen microplasticos en sus heces y sangre. Las marcas adoran el plástico. ¿Por qué? Básicamente por tres motivos: es barato, maleable y transparente. Ahora mismo vivimos en una economía lineal. La locura de productos desechables hechos a base de materiales que duran miles de años. La mayoría de productos que compramos son de plástico o vienen envueltos en él: champú, gel, acondicionador todo en botes, el estropajo de las cocinas ahora está hecho de plástico, los cepillos de dientes, las miles de bolsas que nos rodean, por no hablar de las odiosas botellas de plástico para el agua.

Solamente el 10% de los plásticos del mundo llegan a una planta de reciclaje, y de esos solo el 10% se recicla al final. Reciclar no es fácil, El material suele acabar dañado en el proceso y las marcas no quieren utilizarlo. El vidrio puede reciclarse un número ilimitado de veces. El papel estaría en un punto intermedio. El punto diferencial no está en separar nuestros residuos para reciclar, sino en minimizarlos. Seamos inteligentes a la hora de decidir qué compramos.

Durante los últimos meses he descubierto en redes sociales un movimiento conocido como Zero Waste. En España también crece traducido a Residuo Cero. Se basa en buscar la manera en este sistema de evitar crear residuo al máximo posible, especialmente el plástico. Cada vez más marcas y comercios se están sumando a este movimiento ofreciendo productos con envases reutilizables, permitiendo comprar a granel o directamente vendiendo los productos sin envase.

Ahora mismo estoy leyendo este libro para ayudarme a reducir mi consumo, podéis encontrarlo aquí. Mi objetivo actual es nutrirme de toda la información que pueda. Es más fácil actuar sabiendo. Aunque a día de hoy no me vea capacitada a aplicar absolutamente todo lo que estoy aprendiendo, me he puesto como objetivo continuar siempre mejorando. Cada semana/mes busco un aspecto de mi rutina que puedo mejorar fácilmente.  Cada acción suma. El tiempo no para, así que yo tampoco. 

¿Qué fue lo primero que hice? Pasar de las máquinas expendedoras. Me llevo algo de fruta a clase y frutos secos en un tarro de mermelada pequeño que estoy reutilizando. Me libro de los antojos. Así no tiro cada día una o dos bolsas de patatas, tortitas de maíz o un snack cuyo marketing me ha hecho creer que es más saludable que el resto.

Botella de acero inoxidable y cepillo de dientes de Rebellum Store

Los primeros tres básicos que yo recomiendo son las bolsas de tela, las botellas reutilizables y los cepillos de dientes de bambú. Hace años que sabemos que debemos abandonar las bolsas de plástico. Se ha notado como a la hora de hacer la compra cada vez más gente se decanta por bolsas reutilizables o los carritos de toda la vida. Este es un buen primer paso, pero realmente deberíamos llevar una bolsa de tela con nosotros siempre. Casi todos los días (o al menos semanas) hay alguien que querrá darte algo en una bolsa de plástico. Es el momento para decir: "espera no hace falta, tengo aquí la mía". Estas bolsas se han puesto muy de moda, se utilizan mucho como producto de merchandising. Mi casa en los últimos años ha acumulado un montón. Me vienen genial para esta transición.

Producir el plástico para una botella de 1 L requiere de 1'5 L, de agua. Insostenible. Además nos desaconsejan reutilizarlas por los químicos que se van liberando. Lo mejor sin duda es tener una botella de vídrio o acero inoxidable que podemos rellenar en cualquier parte. En pocos meses se compensa el precio. Cuando voy a sitios donde te sirven en la barra siempre prescindo de comprarme bebida y ya nunca me pilla una sed insaciable en clase o en el metro.


Tu primer cepillo de dientes aún existe. Está amontonado en algún vertedero, o más probablemente flotando en el mar. Desde que empezaron a hacerse cepillos de plástico no le ha dado tiempo a ninguno a degradarse. Por suerte se está extendiendo el uso de cepillos de bambú con hebras de nylon. Funcionan igual. Al reemplazarlos por uno nuevo se tiran al orgánico para que se degraden como el resto de desechos. Suelen rondar los 4€ el cepillo. Más caro que algunos modelos. También más baratos que otros. Este tipo de productos se van abaratando según crece su popularidad y consumo. Es importante ayudar a que sigan creciendo. Muchos cambios para evitar el plástico permiten ahorrar; como el llevarse la comida de casa y prescindir de comprar botellas. Este dinero se puede reinvertir en productos más sostenibles, como los cepillos de bambú.

Tras un tiempo trabajando en mi consumo os dejo esta entrada que he escrito sobre COMO EMPEZAR A VIVIR SIN PLÁSTICO.


Si no lo necesitas, no lo compres
Ilustración de @ally_viamalama

Admitir un error. Más difícil que el propio cambio. La sociedad es materialista, y yo como parte de ella también lo soy. Al principio he escrito esta frase en pasado, pero no puedo engañarme a mi misma.  Estoy cambiando y mejorando, pero aún me queda camino. Cuando se critica el materialismo se hace muchas veces desde un punto casi espiritual; ¡tu felicidad no puede depender de objetos materiales!  El consumo excesivo va más allá de un problema de actitud, implica un agotamiento innecesario de recursos.

Producción y degradación. El plástico contamina al degradarse, y al generarse. Cada botella implica un gasto de agua y una producción de dióxido de carbono que nos podríamos ahorrar. Uno de mis mayores reto ha sido asumir que aunque pueda, aunque ahorre, aunque trabaje y sea mi propio dinero, si no necesito algo no debo comprármelo.

Ultimamente me dedico a descubrir marcas sostenibles (os hablé aquí sobre calzado vegano y sostenible).  Me lanzaría a la piscina y renovaría todo mi armario por prendas producidas éticamente y con materiales sostenibles. Ni debo ni puedo hacerlo. Es cierto, se me han roto unos vaqueros, pero es que tengo como 6 pares más. A lo largo de los años he acumulado mucha ropa, es el momento de gastarla. Cuando realmente necesite renovar alguna prenda recurrir  a tiendas de segunda mano o a marcas que ofrecen productos de calidad y duraderos para no entrar. Es el momento de desarrollar la creatividad. Alarguemos la vida de lo que tenemos.



Eú tienes la capacidad de empezar a salvar el mundo. No tienes que cambiar de golpe todos tus hábitos, ni buscar la perfección en cada acción. Proponérnoslo y cada día seguir avanzando. Así lo conseguiremos. El mundo no se salvará por 5 personas con unos hábitos perfectos que no contaminen nada en absoluto; sino porque la mayoría de la población se comprometa a mejorar un poco cada día. Comparte esta entrada para seguir ayudando. Habla sobre los cambios que estás realizando, sobre todo con aquellas personas que no les llega información desde las redes sociales. Sigue informándote. Tres pasos, un objetivo; ¿te apuntas?


Barby




2 comentarios

  1. El problema del plástico (entre otros problemas) es el postureo del siglo XXI. Los consumidores somos idiotas y el postureo nos gusta.

    Cuanto más adorno, más colorines y más "personalizado", mejor. Por supuesto, todo esto implica más plástico, más envases y más gasto.

    No sé si la culpa es de las empresas o de los consumidores, porque las empresas le dan al consumidor lo que busca.

    Quizá sea momento de cambiar a los consumidores.

    Me recuerda a Islandia, si mal no recuerdo, en la que forzaron a los fabricantes a no envasar las pastas dentífricas dentro de una caja de cartón.
    ¿Cómo lo hicieron? Comprando marcas que no envasasen en cartón los tubos de pasta dentífrica, porque es innecesario. La pasta ya viene dentro de un envase de plástico con todo lo necesario (composición, código de barras, etc) impreso en él. No hace falta caja. La caja es postureo.

    ¿Qué tenemos en España? Para muestra un botón:
    Bolsitas de té del mercadona envasadas individualmente en plástico. ¿Es esto necesario? No, no lo es.
    ¿Entonces? Pues porque el consumidor valora que al estar envasadas así, el producto es mejor, y por tanto mejor se vende.

    Creo que el problema somos los consumidores y el postureo. Mucha culpa tiene Instagram y no estoy de coña.

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    1. Sin duda todo ese plástico llega a los vertederos y de ahí a los distintos ecosistemas porque los consumidores lo compramos. ¿De quién es la culpa? La industria responde a la demanda del consumidor; pero hace todo lo posible pro generarnos demandas nuevas y cada vez más (el postureo en este siglo ha sido sin duda una revolución para el marketing, tienen a todo instagram trabajando para ellos de algún modo).

      Como bien has dicho un producto que deja de comprarse deja de producirse. ¿No queremos cajas envueltas en l¡plástico con bolsitas de té envueltas en plástico? Dejemos de comprar esa caja, cojamos una de cartón que vengan las bolsas sueltas; o aún mejor, comprar el té a granel y usar los infusos de los tradicionales.

      Lo bueno de ser el problema es que te puedes convertir en la solución; esa es la idea que he querido expresar.

      Muchas gracias por dejar tu reflexión.
      Un saludo,
      Bárbara

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